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Integración post-adquisición

La integración post-adquisición es el trabajo de encajar la empresa comprada en el perímetro del comprador: equipo, clientes, sistemas, compras y marca. Empieza el día del cierre, no el de la LOI. Es el tramo en el que las sinergias dejan de ser una diapositiva y se convierten en caja —o en ruido.

Aparece en cualquier crecimiento inorgánico y es el cuello de botella de un roll-up. La usan el CEO del grupo, operaciones y, si el vendedor se queda, el propio dueño saliente. Los primeros cien días concentran las decisiones que no se deshacen bien: quién manda en cada sede, qué ERP se impone, qué contratos se unifican, qué marca sobrevive. No es la due diligence: la DD identifica riesgos; la integración los gestiona o los materializa. Un TSA cubre servicios transitorios cuando el vendedor sigue dando IT o nómina un tiempo. El management retention y el earn-out son las palancas para que el equipo no se vaya en mitad del cambio. Para el vendedor que permanece, la integración es el momento en que pierde autonomía; para el que se va, es el riesgo de que una métrica de earn-out se contamine con costes de grupo. El precio se firmó en el SPA; el valor se confirma —o se destruye— aquí.

Si el plan promete 200.000 € de ahorro en compras y a los doce meses el grupo sigue con tres almacenes y dos ERPs, esas sinergias no estaban en el cierre: estaban en una integración que no ocurrió.

En profundidad: Crecimiento inorgánico y estrategia roll-up

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